Hoshi de Bratty: La brillante evolución de su sonido

Hoshi marca el inicio de una nueva etapa en la carrera de Bratty, a través de un alter ego inspirado en la estética japonesa y coreana, la artista construye una identidad distinta que acompaña el concepto del disco. El nombre Hoshi, palabra japonesa que significa “estrella”, se convierte en el símbolo que guía tanto la narrativa como el apartado visual de esta producción.
El cambio más evidente del álbum se encuentra en su sonido: Sin abandonar el indie rock que ha caracterizado al proyecto, Bratty incorpora elementos de electropop, reguetón e indie pop, además de influencias de la música asiática. La producción da mayor protagonismo a los sintetizadores, los samples, los teclados suaves y los efectos de voz, mientras que las guitarras eléctricas y acústicas permanecen como un vínculo con la esencia musical que ha definido al proyecto desde sus inicios.
Más allá de la evolución sonora. El álbum también construye una narrativa centrada en el crecimiento personal, el amor propio, el cierre de ciclos, la ansiedad, la ambición y las dificultades de encontrar un equilibrio entre las expectativas de la industria musical y la autenticidad artística.

Uno de los principales ejes de Hoshi es la relación entre la identidad artística y las exigencias de la industria musical. Desde “No te olvides de mí”, la canción que abre el álbum, Bratty deja entrever sentimientos de vulnerabilidad y el temor al olvido, al mismo tiempo que introduce la figura de la estrella, un símbolo que acompañará el concepto del disco.
Esta idea encuentra su desarrollo en “La estrella que quería brillar”, donde la artista reflexiona sobre las presiones de una industria que exige mantenerse vigente, alcanzar el éxito y, en ocasiones, modificar la identidad artística para responder a las expectativas del mercado. La canción plantea el conflicto entre conservar la autenticidad o ceder ante aquello que la industria espera de una estrella musical.
Siguiendo esta misma línea, “Siempre quiero +” aborda la ambición que puede surgir al alcanzar el reconocimiento. Bratty retrata el deseo constante de querer más y la dificultad de sentirse satisfecho con los logros obtenidos, una idea que también se refleja en el visualizer del tema, donde aparece comiendo de manera compulsiva como una metáfora de un deseo que parece no tener fin.
Hoshi dedica buena parte de su narrativa a explorar las distintas etapas del amor y las relaciones afectivas. Más que presentar una sola visión del amor, Bratty construye un recorrido que va desde el desapego y la aceptación de una ruptura hasta la incertidumbre y la posibilidad de volver a construir un vínculo desde la honestidad.
Este recorrido comienza con “Tu nombre”, donde la artista aborda el proceso de alejarse de una relación que ha dejado heridas emocionales. Aunque la canción parte del desamor, también funciona como una reflexión sobre el amor propio y la importancia de poner límites para priorizar el bienestar personal.
Esta idea continúa en “El silencio”, junto a Marc Seguí, una colaboración que retrata la dificultad de expresar aquello que permanece después de una ruptura. Por su parte, “No queda nada”, con Julieta Venegas, presenta un momento distinto del duelo al mostrar la aceptación de que, a pesar del cariño que existió, lo mejor es seguir caminos separados.
La incertidumbre también ocupa un lugar importante en el álbum con ”¿Quién te va a querer como yo?”, colaboración con Red Fingers que cierra Hoshi. La canción retrata el vacío que deja un amor no correspondido y la duda de si todo lo entregado fue suficiente para ser amado, convirtiéndose en uno de los momentos más vulnerables del disco.
Hoshi también encuentra espacio para hablar del amor desde una perspectiva más esperanzadora. En “Mía”, Bratty retrata el momento en que una persona desconocida se convierte en el centro de tu mundo, mientras que “Detrás de ti”, junto a Ed Maverick, habla de un amor honesto que busca construirse desde la reciprocidad y el deseo de permanecer juntos. Con estas canciones, el álbum equilibra su narrativa y demuestra que, incluso después de la pérdida y la incertidumbre, siempre existe la posibilidad de volver a amar.
Uno de los mayores aciertos de Hoshi son sus colaboraciones. Lejos de sentirse como participaciones aisladas, cada artista invitado aporta elementos que amplían la identidad sonora y emocional del álbum, permitiendo que Bratty explore nuevos matices sin perder la esencia del proyecto.
En el apartado sonoro, las colaboraciones con Barry B y Natt Calma representan la faceta más experimental del disco. Barry B incorpora una producción cargada de sintetizadores, samples y texturas electrónicas que construyen una atmósfera futurista, cercana a la estética que ha desarrollado en su propio proyecto musical. Por su parte, Natt Calma acerca a Bratty a un sonido influenciado por el hip hop alternativo, el trap y el reguetón, donde los efectos de voz, los samples y una guitarra con tintes surf crean una de las propuestas más arriesgadas de Hoshi. En ambos casos, las colaboraciones expanden el universo sonoro del álbum.
En un tono más íntimo, “El silencio”, Bratty y Marc Seguí regresan a una instrumentación dominada por guitarras acústicas, percusiones orgánicas y una interpretación melancólica que se aleja momentáneamente de la producción electrónica del álbum. La química entre ambas voces logra un equilibrio natural entre el estilo de Marc Seguí y la nueva propuesta de Hoshi, dando como resultado una de las colaboraciones más emotivas del disco.
Algo similar ocurre en “No queda nada”, donde la participación de Julieta Venegas aporta una sensibilidad que fortalece el sentimiento de despedida presente en la canción. Su interpretación, contenida y emotiva, complementa la voz de Bratty sin restarle protagonismo, permitiendo que ambas construyan una armonía que transmite con naturalidad la aceptación del final de una relación.
Las últimas colaboraciones funcionan como una síntesis de la evolución artística que plantea el álbum. “Detrás de ti”, junto a Ed Maverick, era una de las participaciones más esperadas por los seguidores de ambos artistas. A diferencia de “Ropa de bazar”, donde predominaba un sonido cercano al folk y al indie acústico, esta nueva colaboración refleja la evolución que ambos han experimentado en sus respectivos proyectos. La combinación entre el indie pop que caracteriza a Hoshi y el sonido más acústico de Ed Maverick conserva la química entre sus voces mientras evidencia la madurez artística alcanzada desde su primer trabajo juntos.
Finalmente, ”¿Quién te va a querer como yo?”, junto a Red Fingers, sintetiza la identidad sonora de Hoshi. Como productor del álbum, Red Fingers integra sintetizadores, baterías electrónicas y texturas ambientales que consolidan la propuesta musical del disco.
Hoshi construye una identidad visual desarrollada por la directora creativa Yellowkuul, quien construyó un universo estetico que acompaña la evolución sonora y conceptual del disco. A través de los videoclips, los visualizers y el material promocional, Bratty desarrolla una estética inspirada en referencias japonesas y coreanas, donde predominan los tonos rojos, acompañados por elementos en azul y blanco.
Esta propuesta no funciona únicamente como una identidad visual. La figura de la estrella de cuatro puntas aparece de manera recurrente para representar la identidad de Hoshi y acompañar el proceso de transformación que vive Bratty a lo largo del álbum.
La estrella puede interpretarse como una referencia al cuarto álbum del proyecto, pero también como el destello de una nueva etapa artística. Su presencia constante convierte a este elemento en el principal emblema de Hoshi, reforzando la idea de evolución que atraviesa todo el disco.
Hoshi representa un paso importante en la evolución artística de Bratty. Es un álbum que demuestra la madurez de un proyecto dispuesto a asumir riesgos sin perder la esencia que lo ha llevado a consolidarse dentro de la escena independiente. A través de nuevas atmósferas sonoras, una producción cuidadosamente trabajada, un concepto artístico bien definido y letras que profundizan tanto en las inquietudes de la artista como en experiencias universales, Hoshi se consolida como uno de los trabajos más completos y ambiciosos de Bratty hasta la fecha, confirmando que la evolución de un proyecto no consiste en abandonar su identidad, sino en encontrar nuevas formas de expresarla.
